Nacido del linaje Ka’Ser, una reconocida familia a lo largo y ancho de la ciudad por su ostentosa riqueza económica y su influencia en la política y las fuerzas policiales, Friohannes fue criado dentro de esa burbuja de una vida acomodada. Creció queriendo profundamente a su madre, Gran Consorte de la Casa de los Ka’Ser, y admirando a su padre, General de la Legión de Paladines de la ciudad, encargados de velar por la seguridad de la plebe.
Inspirado por la noble labor de su padre, al cumplir la mayoría de edad Friohannes decidió seguir su legado e ingresó a la Legión de Paladines con la ilusión de ganarse un nombre propio junto al de su progenitor.
Durante cuatro años, Friohannes sirvió en la Legión, donde se le impusieron expectativas muy altas debido al pasado de su padre. Esta presión lo motivó a superar sus límites: aprendió desde lo más básico del combate hasta destacarse a un nivel digno del linaje Ka’Ser. A diario recibía críticas de sus compañeros de pelotón, provenientes de familias de la plebe, quienes aseguraban que había nacido en “cuna de oro” y que todo le había sido obsequiado. El combate era el único ámbito en el que podía demostrar los frutos de su esfuerzo; entonces, tenía que volverse el mejor en ello.
En su cabeza pensaba:
“¿Qué tiene que ver el origen de mi familia con mis habilidades personales? Esa mediocridad de algunos resulta repugnante”.
(Comienzo del origen de su odio).
A pesar de las críticas, logró hacer buenas migas con un par de compañeros de diversos orígenes que compartían su mismo nivel de ambición.
Durante sus primeros años sirvió fielmente de acuerdo con el código de honor de un paladín, hasta que, a la edad de 23 años, fue testigo de primera mano de la muerte de su padre a manos de un grupo terrorista forastero. Su padre falleció salvando a una familia de campesinos de la plebe, sin esperar nada a cambio.
El duelo fue complicado. En un principio, Friohannes no reaccionó: debía mantenerse centrado en la batalla y en rescatar civiles, manteniendo su mente en blanco. Al final del asalto, los terroristas saquearon, mataron y escaparon casi en su totalidad, exceptuando a un novato que fue arrestado, humillando así a la seguridad de la ciudad.
En medio de la humillación, Friohannes cayó en cuenta de lo ocurrido y corrió a ver el cuerpo de su padre. Allí rompió en llanto, una de las pocas veces que verdaderamente había llorado en lo que llevaba de su acomodada vida.
Los meses siguientes fueron aún peores. Sobre él cayó toda la responsabilidad de la familia Ka’Ser y las expectativas dentro de la Legión de Paladines crecieron, ya que debía llenar el vacío que su padre había dejado. Además, las tensiones en la plebe aumentaban debido al sentimiento de inseguridad provocado por el ataque.
Junto al desarrollo del duelo de Friohannes nació un sentimiento de odio y venganza hacia los terroristas que arrebataron la vida de su padre. Para lograr su objetivo, Friohannes comenzó a apartarse paulatinamente del código paladín, hasta el punto de torturar al rezagado del grupo terrorista que permanecía encarcelado, solo para descubrir que había sido lavado del cerebro y no podía revelar información sobre la organización.
Su límite llegó al presenciar una manifestación en la ciudad a favor de los terroristas y celebrando cómo se habían librado del control de su padre como general, argumentando que él había llegado a ese puesto únicamente por su familia y su riqueza, ignorando que se había ganado el cargo con méritos propios.
Pensó entonces:
“¿Qué ocurre en esta sociedad? Mi padre defendió el código de honor paladín toda su vida. Murió salvando a la plebe, y ahora esta misma atenta contra su honor y su legado como general. Estos incultos se atreven a cuestionar el poder de mi difunto padre. Existe una razón por la cual se le otorgó el cargo de general”.
Juró vengarlo. Haría que los terroristas se arrepintieran de haber desafiado a la Casa Ka’Ser y demostraría a la estúpida plebe que alguna vez se atrevió a cuestionarla.
Mientras continuaba investigando acerca de la organización terrorista, se dio cuenta de cuán superior era en comparación con el resto debido a su rango de paladín, y aprovechó esa posición para extraer información por la fuerza.
Hasta el día de hoy, un año después de la tragedia, Friohannes sigue buscando información sobre el grupo terrorista sin importar los medios, todo en nombre de su propia justicia.